El paisaje es invisible, porque cuanto más lo conquistamos, más nos perdemos en él. Para llegar al paisaje, tenemos que sacrificar, tanto como nos sea posible, cualquier determinación temporal, espacial, objetiva; pero este abandono no solo alcanza el objetivo, nos afecta a nosotros mismos en la misma medida. En el paisaje dejamos de ser seres históricos, es decir por sí mismos objetivables. No tenemos memoria para el paisaje, tampoco la tenemos para nosotros en el paisaje. Soñamos de día y con los ojos abiertos. Somos sustraídos al mundo objetivo pero también a nosotros mismos. Es el sentir.
Erwin Strauss. Du sens des sens.
Cartografías de una isla recoge la observación y la acción sobre el paisaje que conforma la isla de Lanzarote. El proyecto lo conforman 6 telas de gran formato (300 x 210 cm cada una). En las pinturas se abre un diálogo que media entre la distancia visual y lo que ocurre estando sobre el terreno. Las pinturas se realizaron en el suelo en contacto con el relieve, permitiendo la disolución de las coordenadas “arriba” y “abajo” implícitas en el cuadro, dando como resultado unas pinturas all over que trasladaban la perspectiva euclidiana a la topográfica.
El trabajo se realizó bajo la premisa de descentralizar la visión para permitir el abatimiento de los planos que configuran un espacio observado en la distancia. En un comienzo no partí de acciones premeditadas y menos previstas. Estar un mes en una isla relativamente pequeña me permitió establecer un juego cartográfico, en donde iba experimentando con lo que veía de lejos, para luego acercarme a ese lugar y experimentarlo pintando in-situ, mientras miraba nuevamente a lo lejos el lugar donde había estado el día anterior. Esto propició la posibilidad de tender puentes entre espacios enfrentados, que mediante la mirada y las acciones corporales que rodeaban las telas a la hora de pintar, estableciesen diálogos tanto formales como conceptuales entre lo que está lejos y lo que nos rodea. Así, la tarea consistía en desenrollar telas de gran formato para meterme dentro y pintar. Mirar lo que tenía delante, o no mirar y centrarme en la superficie de la tela en contacto con el suelo. Hacer que el ojo enfocara lo más lejos posible y abatir planos tratando de dar cabida a la lejanía proporcionada por la visión. Luego, en la siguiente sesión, ir hasta allí para darme cuenta de que lo que había estado mirando el día anterior no era exactamente eso que creía haber visto. El resultado lo definí como una serie de localizaciones pictóricas de ida y vuelta. Unas pinturas que se devolvían las miradas y en donde se jugaba con los ecos del plenairismo. Todo esto me iba dando pautas sobre el terreno, indicándome
coordenadas, distancias, rupturas espaciales y conexiones entre el ojo y la mano. El territorio visual se fue llevando en cada tela al dominio de lo manual, en un intento por corporeizar el entorno. Durante el proceso de realización de las pinturas tomaron también relevancia las diferentes condiciones meteorológicas a las que estaba expuesta, haciendo que el sol, la lluvia o el viento tuviesen, en ocasiones, su papel
ejecutor en las composiciones. Este proyecto fue realizado gracias a la residencia para artistas de Nautilus Lanzarote durante el mes de febrero de 2023.





































